Presentación de un libro que interpela al poder y a la democracia.
Por Marcos Anglada
En el marco de un encuentro que combinó reflexión política, análisis académico y experiencia concreta, se presentó el libro La doctrina de la sospecha permanente, una obra que pone en el centro una pregunta incómoda pero urgente:
¿Qué ocurre cuando el Estado desconfía sistemáticamente de quienes deben garantizar la seguridad pública?
El autor —secretario general de APROPOL, licenciado en Seguridad Pública y ex trabajador del sistema— parte de una experiencia acumulada de más de 25 años de denuncias y observaciones sobre las condiciones laborales de policías y penitenciarios. La tesis central es clara: no puede haber buena seguridad pública si el trabajador de la seguridad está precarizado, maltratado y deslegitimado por el propio Estado.
El policía como trabajador y servidor público
Uno de los aportes centrales del libro es recuperar una definición básica, muchas veces omitida en el debate público: el policía es ante todo un ser humano y un trabajador, no un mero instrumento del poder.
La obra analiza cómo, bajo lo que el autor denomina “Doctrina de la Sospecha Permanente”, el Estado y los poderes que lo atraviesan utilizan a las fuerzas de seguridad más como herramienta de control social que como servicio público al pueblo. Esta lógica, sostiene, no solo daña derechos individuales, sino que degrada la calidad democrática.
Casos concretos y marco teórico amplio
Lejos de quedarse en la denuncia genérica, el libro desarrolla:
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20 casos concretos analizados en profundidad
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un marco jurídico, filosófico y sociológico
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una reflexión sobre el poder, entendido no como sustantivo ni adjetivo, sino como verbo: algo que se ejerce
Se abordan prácticas como detenciones arbitrarias, estigmatización por apariencia, y el uso discrecional de la policía en contextos de crisis social, todo ello en un escenario donde el propio personal no puede sindicalizarse, protestar ni reclamar, quedando en una situación de extrema vulnerabilidad.
Crisis económica, salario y fin de la épica
El autor también se detiene en un punto sensible: la crisis económica atraviesa de lleno a policías y penitenciarios, muchos de los cuales provienen de los sectores populares y hoy no alcanzan con su salario ni siquiera a cubrir la canasta familiar.
Señala que la vieja idea de la “vocación policial” como mito romántico se ha vaciado de contenido cuando:
- no hay reconocimiento
- no hay derechos
- no hay proyecto colectivo
Sin proyecto común, no hay épica posible.
De la sospecha a la confianza soberana
Como cierre —y aquí aparece el carácter propositivo del libro— el autor plantea la necesidad de avanzar hacia una “doctrina de la confianza soberana”, basada en:
- la confianza entre el pueblo y el Estado
- el reconocimiento de los trabajadores de la seguridad como parte del cuerpo social
- un proyecto de bien común que reemplace la lógica de la desconfianza permanente
La obra no se presenta como un punto de llegada, sino como una doctrina en desarrollo, abierta al debate, a la crítica y a la construcción colectiva.
Un libro incómodo, necesario y profundamente político
Con más de 450 páginas, un glosario exhaustivo y un trabajo cuidado de edición, La doctrina de la sospecha permanente no busca agradar, sino ponerle nombre a lo que nos pasa.
En tiempos de crisis institucional y social, el libro invita a pensar una verdad simple y profunda: no hay seguridad democrática sin trabajadores respetados, ni Estado fuerte sin confianza social.
Fuente: Cuna de la Noticia
Publicado en APROPOL Noticias