No alcanza con definir la doctrina. Hay que mostrar sus huellas. No basta con denunciar el método: hay que escuchar a quienes lo padecieron.

Esta sección reúne algunos de los casos más emblemáticos y conmovedores que nos fueron compartidos, vividos o registrados a lo largo de los años. No están todos. No podrían estarlo. Pero cada uno de ellos encarna, a su modo, una forma concreta de la sospecha permanente: como castigo anticipado, como vigilancia institucional, como exilio silencioso, como muerte administrativa, o como encierro sin justicia.

No son historias aisladas: son pruebas de cargo contra un sistema de control que ha hecho de la ilegalidad un procedimiento, y del trabajador estatal, su chivo expiatorio favorito. Aquí, la sospecha deja de ser una categoría abstracta y se vuelve narrativa humana, memoria dolorosa y evidencia política.

Cada capítulo puede leerse como una crónica, pero también como un alegato. Son historias de carne y hueso, con nombres, fechas, destinos quebrados y estructuras que los quebraron.

Contarlas es empezar a saldar una deuda con la verdad.

(Fragmento del libro La Doctrina de la Sospecha Permanente, Quinta Parte: “Casos Reales”, p. 278)

 

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